sábado, 16 de julio de 2011

Mamá: Mi vida es vida mientras siga siendo tu hija...


Se que tu tarea no es fácil,

se que tu mirada siempre

grácil

acepta jornadas poco halagadoras

y pesadas cargas nada

tentadoras,

para dar a tu hija un pequeño extra

para mostrar al mundo lo que cuesta

entregarse a un ser a cambio de nada

arriesgar su vida sin

consuelo, ni paga.

Recibir sutilezas no es tu prioridad,

más brindar amor es tu caridad.

El amor de madre es mi regalo,

que siempre me ha dado tu fino regazo.

Apoyo, confianza, ternura y aprecio,

son rasgos sinceros que no tienen precio,

son formas y medios de expresar tu desvelo,

noches inciertas y

lunas sin sueño.

Me embeleso al sentir que tendré por siempre

valiosos preceptos cultivados

en mi mente,

tus sabias palabras enterradas por defecto,

que sólo buscan

convertirme en un experto.

Mi férreo instinto se apegará a lo aprendido

y poco a poco asimila lo

expedido.

Tu tiempo, esfuerzo, audacia y entrega

Rendirán frutos, ¡es una

promesa!

Suplencias y suplentes no figuran para ti,

mi vida contempla sólo un lugar

sin fin.

Tu ejemplo, tu mirada, tu ceño fruncido

tu fuerza y certeza entre un cielo

perdido,

me asombran y respaldan, me guían y me cuidan,

mi destino

iluminan y mis acciones vigilan.

Tantos momentos de vivo aprendizaje,

tatuaron mi piel, sentaron mi

linaje,

me mostraron con cautela la ruta correcta,

me llevaron de la mano, concretaron mis metas,

motivaron mis sueños, enaltecieron mis

virtudes,

probando paciente exacerbaron aptitudes.

Me perturba pensar que insuficiente

para tantos recuerdos resultará mi

mente.

Entre mitos e historias de tiempos pasados

remitiré a gritar en un futuro

cercano,

Mamá: “Mi vida es vida

mientras siga siendo tu hija”.

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