sábado, 16 de julio de 2011

Cómo actuar ante un niño con Síndrome de Asperger.


Después de que la familia es informada de que su hijo sufre este síndrome, empiezan a surgir todo tipo de dudas y preguntas, sobre todo acerca de las consecuencias de este trastorno y de las estrategias y pautas de actuación más eficaces.

Las personas que sufren este trastorno son conscientes de la dificultad social que les caracteriza ya que, aunque están muy interesados en relacionarse con los demás y desean tener amigos, no saben cómo hacerlo.

Por otro lado, el hecho de ser torpes en sus movimientos y tener una pobre coordinación motriz hace que sean objeto de burlas. Esto les suele producir estrés, ansiedad, problemas de autoestima, frustración e incluso depresiones.

Por ello es muy importante un tratamiento e intervención adecuada por parte de los profesionales especializados en el tema, del colegio y, sobre todo, de la familia.

A. Orientaciones a los padres

La labor de los padres es crucial para ayudar a su hijo a entender lo que le ocurre y al mundo en el que vive:

- Explicar al hijo el problema. Cuando el niño alcanza cierta edad, antes de llegar a la adolescencia, es conveniente que se le explique lo que le está ocurriendo, cuáles son sus mayores dificultades y hacerle ver que también tiene grandes cualidades y aptitudes.

- Explicarles bien las cosas. Es conveniente utilizar instrucciones simples a la hora de explicarles algo ya que, aunque son muy inteligentes, tienen dificultades para entender trabajos complicados. Para ello es muy útil subdividir las tareas en otras más simples y utilizar los dibujos en las explicaciones.

- Explicarles y enseñarles a modular el tono de voz, a mirar a la cara cuando hablen con alguien y alabarles por ello.

- Es muy importante enseñarles que tienen que aprender a "esperar su turno" y ponerles ejemplos de situaciones en las hay que hacerlo: juegos, colas de las tiendas, en casa, etc. También deben aprender las diferencias entre los lugares públicos y privados, que hay cosas que sólo se hacen en privado y que en público hay que guardar las formas.

- Advertirles con tiempo de los cambios de planes. Cuando haya cambios de planes, hay que prepararlos y advertirlos con anticipación. Ellos se irritan y alteran ante los cambios, por lo tanto hay que ayudarles a entender que las cosas pueden cambiar y no siempre se les va a poder avisar. No obstante, siempre que sea posible se le deben evitar estos cambios y sorpresas e intentar mantener sus rutinas y proporcionarles un ambiente predecible y seguro.

- Enseñarles a ser autosuficientes. Se debe trabajar con ellos todo aquello que en el futuro les facilite llevar una vida independiente y enseñarles habilidades de autosuficiencia: que aprendan a comprar solos, a manejar el dinero, ir al supermercado, manejar el teléfono, etc.

- En la medida de lo posible hay que ayudarles a superar el miedo a lo desconocido. Por lo tanto, cuando vayan por primera vez al colegio, cuando se enfrenten a profesores y amigos nuevos, cuando vayan de campamento, etc. Los padres deben prepararlos y si es posible exponerlos previamente a esas situaciones nuevas para que disminuya su ansiedad.

Los padres deben saber que sus hijos van a necesitar mucha ayuda y paciencia y sobre todo los niños deben saber que sus padres los quieren y los quieren como son.

Es conveniente reforzarles, alabarles y explicarles las cosas de las que se sienten orgullosos.

B. Orientaciones a los profesores

Cuando el niño ha cumplido nueve años más o menos, se aconseja que los profesores expliquen al resto de los compañeros lo que le ocurre.

Una forma de hacerlo podría ser explicarles que lo mismo que hay compañeros que tienen dificultades para leer o leen más despacio, otros las tienen para sumar, etc. En este caso se le explica las dificultades que tienen para hacer amigos, entender emociones, interpretar las bromas, etc. Veamos algunas orientaciones para trabajar en clase:

- Reforzarle las habilidades académicas en las que destacan y hacer que las pongan en práctica a través de actividades de grupo. Con esto se consigue que sus compañeros se den cuenta de que el niño destaca en muchas de las habilidades que para ellos son muy valiosas. Por consiguiente, se fomenta la aceptación y el reconocimiento por parte de los compañeros.

- Facilitarle apoyo para relacionarse con otros niños. Es aconsejable que en los recreos se beneficien de cierto apoyo para que le ayude a favorecer la interacción con otros niños. Este apoyo puede ser perfectamente un niño de su clase al que se le explica lo que puede hacer para ayudarle.

- Poner especial cuidado el las clases de educación física. Los profesores deben saber que las clases de educación física suelen generar ansiedad ya que al no haber normas explícitas sino más bien implícitas, ellos no las entienden y por lo tanto, es conveniente explícaselas y razonarlas. Hay que tener mucha paciencia a la hora de explicarle al alumno lo que se espera de él y lo que hay que hacer. Conviene utilizar frases cortas, concretas y, si es posible, se puede pedir a un compañero que haga primero lo que debe hacer el niño, ya que la visualización de lo que se debe hacer les ayuda a entenderlo mejor.

- Mantener viva su atención en clase.Para que mantenga la atención en clase conviene sentar al niño en la primera fila y, con cierta frecuencia, hacerle preguntas sobre lo que se está explicando. Estos niños necesitan clases muy estructuradas con programas académicos muy individualizados y, sobre todo, van a necesitar un ambiente en el que se sientan competentes.

C. Terapia psicológica

Por último, conviene insistir en la importancia de la terapia psicológica.

La intervención por parte de un especialista en la materia va a ser de gran ayuda tanto para el niño como para la familia y es él quien se encargará de dar las pautas más adecuadas para trabajar en casa y en el colegio.

Tomado de Pulevasalud.

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